sábado, 1 de abril de 2017

RUY GONZÁLEZ DE CLAVIJO. ¿El Marco Polo español?



Esta ciudad es muy abastada de muchas mercaderías que a ella vienen de otras partes, ca de Rusia y de Tartaria van cueros y lienzos, y del Catay paños de seda, que son los mejores que en aquella partida se hacen, señaladamente los setunis, que dicen que son los mejores del mundo, y son los mejores los que son sin labores. Otrosí viene almizcle, que no lo hay en el mundo salvo en el Catay, y otrosí balajes y diamantes, que los más que son en esta partida, de allí vienen, y aljófar y ruibarbo, y otras muchas especias. Y las cosas que del Catay a esta dicha ciudad vienen, son las mejores y más preciadas de cuantas allí vienen de otras partes, y los del Catay así lo dicen, que ellos son las gentes más sutiles que en el mundo hay, y dicen que ellos han dos ojos, y que los Moros son ciegos, y que los Francos han un ojo, y ellos llevan la ventaja en las cosas que hacen, a todas las naciones del mundo. Y de la India vienen a esta ciudad las especias menudas, que es la mejor suerte de ellas, así como nueces moscadas, y clavos de girofre, y macis, y flor de canela, y gengibre y cinamomo y maná, y otras muchas especias que no van en Alejandría. Y por la ciudad hay muchas plazas en que venden carne cocida y adobada de muy muchas maneras, y gallinas y aves muy limpiamente adobadas, y otrosí pan y frutas 

Todo el mundo conoce a Marco Polo y su Libro de las Maravillas, aunque sea de oídas. Todo un maravilloso viaje ¿por completamente cierto? por la Ruta de la Seda hasta los dominios del Gran Kan.
¿Y a Clavijo?
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                         Museo de Historia. Taschent. Uzbekistán 

Conocemos al mercader veneciano pero en nuestros libros de texto no hay una sola mención para el embajador que mandó Enrique III hasta la corte de Tarmelan (Samarcanda, actual Uzbekistán) para establecer relaciones comerciales en la reactivada ruta de la Seda.

Museo de Historia. Taschent. Uzbekistán

Un viaje de casi dos años en los que se pretendía ahondar las relaciones con Tarmelán, caudillo entonces de gran parte de Asia Central y enemigo mortal de los otomanos que estaban convirtiéndose en el gran peligro económico y militar del este, como bien comprobarían siglos tanto Carlos V como Felipe II

Samarcanda. Ciudad de los muertos

El viaje lo conocemos a la perfección gracias al libro que escribió Clavijo, Embajada a Tarmelán


Una explicación detallada y estratégica del mediterráneo oriental, Asia Menor y Central en donde no sólo se limita a narrar sus peripecias sino que analiza pormenorizadamente tanto el clima como las fortificaciones, la geografía, los modos económicos ..., con la visión de un político y estratega que valora las distintas posibilidades de estas nuevas tierras.
Todo un compendio de saberes que nos dan la perfecta medida de los conocimientos e intereses científicos de la Baja Edad Media que nos hablan del Otro Mundo más allá de Occidente en donde se mezclan paisajes increíbles con costumbres ancestrales que el Islam tan sólo ha podido domeñar superficialmente.


Imperio de Tarmelan

Esta embajada partiría de Madrid, y hay aún una pequeña placa en la Plaza de la Paja que habla del lugar en donde estuvieron las casas de Clavijo.




Un enorme viaje que de bien poco sirvió, pues casi nada más contactar con el gran Tamerlan, este moriría mientras preparaba una invasión de China, y sólo nos queda del gran monarca la semblanza de sus fiestas y reuniones cortesanas que hablaban de un poder casi inimaginable en Europa

Y al pie de este armario estaba una mesa de oro pequeña, que podía ser tan alta como dos palmos: en la cual otrosí estaban engastonadas muchas piedras y aljófar muy grueso y mucho, y encima de ella estaba engastonada una esmeralda muy clara y propia en color, que era llana como tabla, que podía ser tan luenga como cuatro palmos, y atravesaba toda la mesa de luengo a luengo, y era tan ancha como un palmo y medio. Y delante de este plato o mesa estaba un árbol de oro, hecho a semejanza de un roble, que había el pie tan grueso como podrá ser la pierna de un hombre, con muchas ramas que de él salían, que iban a una parte y a otra, con sus hojas como de roble, y sería tan alto como un hombre, y pujaba sobre el plato que cerca de él estaba: y la fruta que este dicho árbol tenía eran muchos balajes, esmeraldas y turquesas, y rubíes y zafiros, y aljófar muy grueso a maravilla, claros y redondos escogidos, y guarnidos en muchas partes por el árbol: otrosí por el dicho árbol había muchos pajarillos de oro esmaltados, y hechos de muchos colores, y estaban asentados por el árbol, de ellos las alas abiertas, y de ellos asentados sobre las hojas del árbol como que se querían caer, y hacían semejanza que querían comer de aquella fruta del árbol, y trababan con los picos, de los balajes y turquesas, y de las otras piedras y aljófar que por el dicho árbol estaban. Y de frente de este dicho árbol arrimado a la pared de la tienda estaba un retablo de madera cubierto de plata dorado: y delante de él estaba una cama dé almadraques solos de paño de seda, hechos muy bien, y bordados a hojas de roble y a florecillas, y a otras muchas maneras, y a la otra parte de la tienda estaba otro tal retablo con otra tal cama, y por el suelo había alfombras de seda muy bien hechas. Y de que esta tienda hubieron visto, sacaron a los dichos Embajadores y lleváronlos para la cerca que vos he dicho, que era de tapete colorado, bordado a hilo de oro tirado: en la cual estaba el Señor con sus Mirassaes y privados y Caballeros bebiendo vino, y tenían fiesta



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